Aprender a Enfocarnos

Por: Jorge Muñoz Cerda

Tener claridad en nuestras metas es fundamental para lograr nuestros objetivos, estar dispersos o desenfocados sólo puede conducir a retrasos, o a lo que es peor el alejamiento definitivo de nuestros sueños.

Hace algunos meses no me había planteado el hecho de abrir una escuela de artes marciales, desde que comencé la práctica de ellas, sólo tenía en mente perfeccionarme, seguir adelante y combatir que era lo que más me apasionaba. Siempre me reía cuando algunos de mis viejos compañeros me decía “Jorge piensas ser el eterno estudiante”, te cambias de estilo como si fueran pololas” ante estas preguntas la respuestas siempre eran las mismas “me encanta ser alumno, y me soy fiel a todas ellas.

Siempre mira las artes marciales con pasión y entereza, pero debo reconocer que en algunos aspectos me porte de forma inmadura y dispersa. Si bien es cierto, es bueno conocer variados estilos, uno como practicante debe tener un hilo conductor que lo guíe es este camino. Lamentablemente en mi caso no fue así y consideró que esto se dio por dos factores claves: el primero de ellos dice relación con mi propia inmadurez, tema que discutiremos en otro artículo y el segundo tiene que ver con la capacidad de enfocarnos y tener claridad en nuestras metas.

Con los años he aprendido que el éxito te estará garantizado cuando hayas desarrollado la habilidad de enfocarte específicamente en un objetivo, y no moverte de éste. Sólo entonces tendrás la habilidad de concentrarte en pensamientos edificantes y de bloquear aquellos pensamientos negativos y destructivos. Una vez que tengas bien en claro qué es lo que quieres y a dónde quieres ir, no hay límite para lo que desees alcanzar.

Aquellos que fracasan lo hacen pues nunca han aprendido a enfocarse en sus metas. Ellos se concentran en aquello que no quieren; disipan su energía concentrándose en sus miedos y en las razones por las cuales no pueden triunfar. Prueba estudiar la vida de los grandes hombres de la historia y descubrirás que la habilidad de concentrar toda su energía y esmero en una meta o idea fue el pilar mayor de su éxito.

 

 

El mayor secreto es estar puntualmente enfocado y con conciencia en cualquier cosa que hagas. Los individuos exitosos no son más listos que aquellos que fallan. Ellos han aprendido que para triunfar se ha de tener una meta y se debe concentrar todo tiempo y energía en alcanzarla. La diferencia entre los exitosos y aquellos que fracasan en alcanzar sus sueños es el pensamiento exitoso, al igual que el francotirador entrenado. Un disparo… un muerto. Aquellos quienes están condenados a una vida de tranquila desesperación están utilizando el enfoque de la escopeta. No tienen un blanco claro, tan sólo están cerrando sus ojos, apretando el gatillo y orando para acertar en el objetivo.

Una de las razones más comunes que la gente no consigue lograr sus metas es que tendemos a estar desenfocados, y perder la pista de las cosas importantes que necesitan ser hechas lograr nuestras metas. Para alcanzar realmente cualquier meta, necesitamos disciplinarnos.

La diferencia entre lograr nuestros objetivos o no depende muchas veces de saber qué estamos haciendo mal. Para tener éxito hay que elegir metas que impliquen el crecimiento personal , planificar, ejecutar, apasionarse y mantener la ilusión sin desanimarse por los contratiempos que, inevitablemente, siempre aparecen. Las condiciones necesarias para conseguir llevar a buen término nuestros objetivos están al alcance de cualquier persona. Son habilidades que todos podemos practicar hasta automatizarlas e incorporarlas a nuestra manera de comportarnos. Sólo basta seguir algunas pequeñas recetas.

1. Crear nuestra propia capacidad para dirigir el rumbo de nuestras vidas. Todos estamos capacitados para dirigir nuestras vidas. La diferencia está en que no todos creemos por igual en que poseemos esa capacidad. Para conseguir cualquier meta que nos propongamos el primer requisito imprescindible es creernos capaces de conseguirlo, creer en nosotros mismos.

2. Tener la certeza de que poseen las aptitudes necesarias para alcanzar lo que nos proponemos. Audacia, paciencia, empuje, tenacidad, insistencia, optimismo, disciplina…

3. Saber que sólo nosotros podemos tomar decisiones acerca de nuestro futuro. Si decide tomar un camino, hay que seguirlo a pesar de los obstáculos, del cansancio o de las dificultades que puedan surgir en el recorrido. Hay que tener claro que con esfuerzo y tesón sientan las bases de su futuro éxito.

4. Antes de tomar una decisión tomar un tiempo para pensar en ella, para meditarla y razonarla. Una vez que se ha decidido meditadamente se puede ir en busca de objetivos. Sin la fase de ejecución, el plan no sirve para nada.

5. No conformarse con cualquier meta. Elegir metas que supongan una gratificación personal. Si la meta no es motivadora pronto pierde su interés y deja de generar el impulso que mantiene el deseo de alcanzarla. La elección de metas elevadas, que nos hagan crecer como personas, son las que tienen más probabilidades de cumplirse. Una meta que no nos hace sentir bien con nosotros mismos acaba perdiendo su poder para movilizarnos.

6. Aceptar los resultados adversos como un desafío para mejorar. No hay que quedarse en la frustración o en los lamento por lo que no ha salido como esperábamos, hay que tratar encontrar el lado positivo de lo ocurrido, buscando el lado beneficioso para nuestros propios intereses. No perder el tiempo en buscar culpables y enfocarnos en la resolución del problema y no en buscar excusas que justifiquen los malos resultados.

7. Saben retardar la gratificación por el trabajo realizado. Ésta es una de las capacidades más necesarias para no caer en el desaliento cuando comienzan a aparecer las primeras dificultades. Los planes no siempre son sencillos y rápidos, pero hay que desesperarse por ello por ello. Esta capacidad se fortalece desde la primera infancia. Los niños que reciben todo lo que piden sin tener que ganarlo y sin esfuerzo, tienen más dificultades cuando se hacen adultos para soportar el retraso de la gratificación.

8. Planifican dividiendo en pequeñas metas el gran objetivo final. “Divide y vencerás”. Sin perder de vista aquello que quieres conseguir, dosifica el esfuerzo para llegar al final. La meta debe ser lo suficientemente grande como para no perderla de vista mientras se va hacia a ella, pero lo suficientemente pequeña como para poder conseguirla.

9. Plantearse objetivos medibles. Para saber en qué punto de su camino nos encontramos, debemos hacer frecuentes revisiones de lo obtenido hasta ese momento. Para que esto sea posible deben cuantificar sus objetivos.

10. Poner pasión en sus actos y la contagiarla a quienes nos rodean. Hay que generar las habilidades de comunicación que son necesarias para implicar a otros en nuestros proyectos y para lograr que trabajen por alcanzar un bien común. Saber integrar las metas personales en los objetivos comunes del grupo es uno de los medios más eficaces para lograr que esos objetivos se cumplan.

Como vimos, cualquiera de nosotros estamos capacitados para alcanzar las metas que nos propongamos, lo único que necesitamos es creer en nuestra propia capacidad, elegir una meta motivadora, dividirla en objetivos más pequeños y medibles y ponernos manos a la obra.