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Por: Jorge Muñoz cerda
El Programa de Naciones Unidas señala en sus diferentes informes que el mundo está cambiando. ¿Quién no se asombra actualmente con las impresionantes transformaciones que ha introducido la globalización en la economía, en la comunicación o en los estilos de vida de cada uno? Los avances tecnológicos, la navegación en el ciberespacio, las facilidades para adquirir bienes importados o viajar al extranjero se han vuelto experiencias cotidianas para gran parte de los eres humanos. Pero estos cambios no son los únicos, aunque tal vez sí sean los más notorios. ¿Quién no percibe en su diario vivir cómo cambian las relaciones sociales, cómo se redefinen los roles en la familia, cómo se reorganizan las empresas? El modo de vida está cambiando. Las tradiciones heredadas ya no dictan el comportamiento de las personas. Éstas han de decidir por sí solas su proyecto de vida y la construcción de su desarrollo personal. Las vinculaciones de antaño se debilitan y son reemplazadas por nuevos vínculos. Tiene lugar una reformulación de las identidades sociales. Los lazos de identificación se han vuelto más tenues y flexibles. La gente transita con facilidad entre sus distintas dimensiones, afirmado ora su identidad de género, ora su identidad religiosa, su origen de nacimiento o su identidad nacional. Son tales transformaciones, a la vez aceleradas y sigilosas, las que caracterizan al actual cambio de época.   Es en el contexto anteriormente mencionado, donde actualmente se mueven y evolucionan las artes marciales modernas las cuales tienen como base fundamental doctrinas antiquísimas generadas en otras épocas y en otros contextos históricos culturales. Es así como en el mundo de las artes marciales se han venido dando dos corrientes muy marcadas, las cuales han encontrado una serie de adeptos y detractores, que muchas veces se ven enfrentados unos a otros, en una lucha de intereses por imponer sus ideas. Por un lado nos encontramos con las artes marciales tradicionales, las cuales mantienen las tradiciones ancestrales cómo base fundamental de sus doctrinas. Por otra parte existe una nueva generación de artes marciales, (las no tradicionales) la cuales en cierto modo son la expresión propia de la época en la que estamos viviendo. No es mi afán discutir cual visión tiene la razón, pero soy un convencido que en los cambios, son importantes para avanzar y evolucionar. Debemos siempre tener en claro que los cambios siempre van implicar oportunidades y riesgos para el desarrollo de las personas y de la sociedad. Brindan mayores opciones, pero también restricciones. Todo proceso de cambio implica, al mismo tiempo, construcción y destrucción; hechos positivos y negativos. Es inevitable que también el futuro aporte no sólo oportunidades, sino también amenazas y riesgos. Y no siempre es fácil distinguirlos.   Las Artes marciales han entrado en una nueva fase de su desarrollo, ya no es posible un retorno al pasado ni existe un modelo único para el futuro. En la medida en que cambia la sociedad van cambiando sus objetivos y horizontes. La amplitud y velocidad de los procesos requieren de un esfuerzo permanente de reflexión y de acción para conducir el desarrollo de las artes marciales por los cauces apropiados. Algunos ya estamos trabajando en ello. |