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 Por: Jorge Muñoz Cerda
Muchas veces las personas que hacemos artes marciales o estamos vinculados a temas deportivos, tenemos tendencia a alejarnos de los temas políticos y de administración, preferimos sudar, entrenar y dedicarnos a la vida sana, pero guste o no guste la política y una parte integrante de nuestra vida, somos y seremos animales políticos como diría Aristóteles, y debemos ser responsable de ello.  Por estos días en Chile, se abrieron los concursos para postular a proyectos del Instituto Nacional del deporte, otrora conocido Chiledeportes. Es claro que muchos practicantes de artes marciales recurrimos a estos organismos y busca de apoyo y guía. Lamentablemente estos organismos muchas veces no responden a nuestras inquietudes y por lo general nos dan respuestas que muchas veces nos confunden. Una de ellas y las que más me preocupan es el tema de la elaboración de las políticas públicas respecto a deporte en Chile.  No es secreto que estas políticas públicas son elaboradas por un grupo de señores en la Capital, respondiendo a intereses concretos y determinados, los cuales responden más a una visión centralista y estadística que a una visón deportiva. Chile, es una larga faja de tierra llena de variados contextos y realidades que dan a nuestro país una rica variedad cultural y social. Desde mi perspectiva la forma actual de elaborar las políticas públicas deportivas, al igual que muchas otras, no responden a los verdaderos intereses ciudadanos y se alejan de los contextos en los cuales se aplican. Ejemplo de lo anterior existen muchos, mal manejo administrativo, lentitud en la aplicación de programas, corrupción etc . Todo ello cubierto bajo un manto de centralismo que desde mi punto de vista constituye uno de los principales obstáculos en el avance del deporte en Chile. Por que descentralizar Desde una perspectiva político-ciudadana la descentralización del Estado, al acercar las instituciones a la gente, facilita su participación en la toma de decisiones y permite mayor control de la ciudadanía sobre la acción pública. Se supone que la descentralización estimula la participación, en la medida que los individuos consideran que las políticas locales tienen una repercusión más directa sobre sus vidas y que sus opiniones son consideradas a la hora de tomar decisiones.   Para que esto se de la gestión pública debe ser ordenada, medible, evaluable y susceptible de ser rendida a los beneficiarios directos, a su vez, debe implementar mecanismos concretos de control; mecanismos que encuentran diversas expresiones, no necesariamente son participativos y aún cuando lo fueren, pueden presentar una óptica instrumental que no fortalece las capacidades ciudadanas. La descentralización contribuye a un proceso de modernización y agilización de la gestión, al acercar la administración a las personas y permitir una conexión más directa con sus prioridades y preocupaciones. A su vez, reduce el aparato del estado y con ello el número de trámites y procedimientos, así como la velocidad de respuesta. La reflexión y conclusiones dan cuenta de una realidad en que en Chile se han logrado avances lentos y donde todavía hay muchos aspectos no bien analizados, quizás el problema fundamental de la descentralización en Chile sea el que las transformaciones institucionales no generan de modo inmediato la cultura que las acompañe. Esto debería transformarse en una relación dialéctica entre la oferta institucional y la demanda de los actores, donde si una avanza también debería avanzar la otra, lo que al parecer ocurre es que estos procesos de relación entre la dimensión institucional y la ciudadana no están teniendo un desarrollo armónico, lo cual genera estancamiento y retrocesos. Existe la hipótesis de que el conocimiento ciudadano es bajo y que por lo tanto hay contradicciones entre el discurso y la acción de los dirigentes, esto impide establecer si los actores del territorio son dinamizadores o no, del desarrollo y la iniciativa local; las contradicciones señaladas pueden obstaculizar un real proceso de descentralización.   Un actor local verdadero debe mantener una actitud dinamizadora y crítica en base a sus conocimientos y acción, de lo contrario el dirigente en su función deja de ser actor local y desde su función ya no hay construcción de ciudadanía. El fortalecimiento de las capacidades locales y regionales se puede lograr ampliando las oportunidades de desarrollo ascendente desde las bases, desde los territorios locales y regionales, con y para las personas. Este estilo de desarrollo, se centra en el fortalecimiento pleno de las principales potencialidades humanas, naturales y productivas de las comunidades e instituciones que viven y se desarrollan en espacios locales y regionales, y que por su naturaleza tienen una mayor capacidad para abrir nuevas oportunidades de desarrollo, como son: - el capital humano, cuya masa crítica, capacidad y motivación es determinante para el éxito de toda inversión o iniciativa de desarrollo;
- la capacidad de generar y aplicar conocimiento propio y pertinente al desarrollo de los territorios, condición indispensable para la capacidad de innovación y competitividad de los mismos;
- el desarrollo funcional y autónomo de sus instituciones y la construcción de su capital social, creando los niveles de confianza, asociatividad y reciprocidad entre los actores públicos, privados y académicos requeridos para alcanzar un desarrollo pleno de sus potencialidades.
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